IDES KIHLEN III

Ides Kihlen resulta una figura sorprendente dentro del quehacer artístico de nuestro medio debido a la fuerza expresiva y a la insospechada eclosión con que se manifestó tardíamente –esto es, a partir de los sesenta anos de edad –y a la ingenua frescura con que sigue haciéndolo con sus casi ochenta y cinco años de vida, con esto no debe pensarse que Ides Kihlen es, Grandma Moses, una artista “naive”; nada de eso, su aprendizaje académico intenso y variado, sucesivamente guiado por maestros como Pío Collivadino, Vicente Puig, Pettoruti, Batlle Planas, Andre Lhote y – posteriormente Adolfo Nigro, pero por alguna razón inexplicable siempre prefirió pintar, hacer música estudiar historia del arte y recorrer museos en la mayor intimidad ,sin mostrar su obra fuera del circulo de la familia y los amigos .y por alguna razón, tan inexplicable como bienvenida, decidió quebrar esa tradición secreta recién en el curso del año 2000 (o sea a los 83 años de edad) al producir su primera exposición publica, con enorme éxito.
Lo interesante de nuestra artista es apreciar como –a partir de los anos ochenta-entiende que su poética debe tomar un rumbo nuevo y con que gozosa determinación emprende la conquista de esa “abstracción lírica “que fue envolviendo su obra –y su vida entera –con imágenes festivas, lúdicas, espontáneas, propias de una intuición capaz de volar sobre la base de un oficio notable con las alas de una inocencia reconquistada. Como si cada obra se tratara de un programa coreográfico, entrecruza líneas y juegan números, recortes de papel y fragmentos mas o menos regulares, colores vivos, senderos de “teclas”, signos danzantes que parecen moverse sobre fondos escasamente saturados y de ambigua especialidad. Como bien apunta la Lic. Mercedes Casanegra en el libro que se presenta conjuntamente con esta exposición “si bien los distintos elementos se hayan diseminados de modo irregular por todo el plano, en algunos de estos se agrupan como si fueran piezas magnéticas que han sido imantadas desde la parte de atrás del soporte y, por lo tanto, agrupadas en una zona dejando otras partes del plano mas libres. Este modo de manejar la composición otorga al espectador una sensación de fluidez, movilidad y dinamismo.”
En definitiva recorrer la obra pictórica de Ides Kihlen comporta una fiesta para los ojos y para el espíritu, y es una lección de cómo tanto la dedicación erótica propia del arte como los tiempos de creatividad mas sustanciosos no dependen tanto de la matemática temporal de una edad biográfica sino mas bien de la capacidad del artista de mantener la mano firme sobre el plano, la mirada lucida sobre el mundo y la juventud intacta en el corazón.

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