IDES KIHLEN I
Los cuadros de Ides Kihlen remiten a sensaciones arcanas de rituales privados. Elabora toda una caligrafía personal a partir de emociones profundas que va plasmando en sus obras, en el demorado transcurrir de su taller, el tiempo sin urgencias del mundo del arte. La artista repite aquel acto inaugural del primer hombre que dejó su impronta en una caverna para delimitar el rastro de su existencia. Ritmos, colores, y números se entrelazan elaborando la compleja trama de una cartografía individual. Las líneas pintadas o recortadas minuciosamente en tiras de papel, delimitan un espacio cósmico similar a un mapa astral. En ese territorio, las figuras arman la urdimbre de constelaciones donde los signos comparten su existencia. Los recortes pintados de papel y cartón marcan el anclaje visual del collage en el fondo expresivo de su Serie Negra.
Kihlen compone una imagen que surge del azar meditado y el caos reflexivo. Estas dos instancias se manejan equilibradamente en sus trabajos. El azar es parte del comienzo de su proceso creativo, un método automatista que le permite dejar que la mano dibuje evitando cualquier dogmatismo. En una segunda instancia, va ordenando esos elementos que aparecen en la obra dejando que lo invisible se visualice paulatinamente. Kihlen pinta lo que ve en el intenso palpitar de su mundo interior. Los arabescos y las ondulaciones enfatizan su carácter musical al usar partituras como soporte de sus obras.
Kihlen pertenece a ese grupo de artistas que no se pueden encasillar en tendencias, porque al igual que Xul Solar, siguen el ritmo de su propia intuición. En algunos casos, como en sus Monumentos, la pintura blanca frotada sobre el cartón otorga a la imagen un carácter mural añejo.
Hay una energía vital que atraviesa toda la producción de la artista. En la era del anonimato globalizado, conmueve ver el rastro humano en una obra. También conmueve sentir que en estos trabajos hay goce, placer y sensualidad. El espectador es invitado a compartir la belleza de este momento perfecto. Para ello, hay que usar el máximo potencial creativo para inventar mundos paralelos frente a la sordidez del entorno que nos ofrece la realidad cotidiana. Kihlen nos da la llave del salvoconducto: imaginar que los colores bailan en su Carnaval, o que un círculo con un hilo puede ser un barrilete. Como escribiera Breton en su manifiesto surrealista “Vivir y dejar de vivir son soluciones imaginarias. La existencia está en otra parte”.